En el corazón de Arrecife, la capital de Lanzarote en las Islas Canarias, se encuentra una joya arquitectónica que refleja la esencia de la historia y cultura de la isla: el Edificio Segarra. Conocido localmente como la Fachada del edificio Segarra, esta construcción no es solo una mezcla de ladrillos y cemento, sino un narrador de la vibrante historia y el cambiante paisaje urbano de la isla.
El Edificio Segarra se sitúa en los números 23 y 25 de la Calle León y Castillo, una vía históricamente relevante por ser el núcleo comercial más antiguo de Lanzarote. Esta calle, frecuentemente llamada Real, solía ser la arteria principal que conectaba el bullicioso puerto de Arrecife con la antigua capital de la isla, Villa de Teguise. Durante el siglo XIX, Arrecife se transformó en un centro comercial, y esta evolución impulsó la construcción de diversos edificios, como almacenes, destilerías y viviendas residenciales. Entre estos, el Edificio Segarra destaca no solo por su altura, sino también por sus características arquitectónicas únicas.
En la segunda mitad del siglo XIX, la familia Cabrera Martinón, una de las más prósperas de Arrecife, dirigía una importante empresa comercial. A principios del siglo XX, expandieron su negocio construyendo un edificio innovador, conocido hoy como el Edificio Segarra. La relevancia histórica del edificio se ve enriquecida por su papel en la economía local. En 1932, albergó la primera y única fábrica de tabaco de la isla, La Defensa, que producía hasta 7,000 cigarrillos diarios. Aunque la fábrica cesó sus operaciones en la década de 1950, el edificio siguió sirviendo a la comunidad, dividiéndose en una tienda de tabaco y una zapatería, esta última dando nombre al edificio.
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La fachada del Edificio Segarra es un festín visual de elementos decorativos, mostrando una mezcla de estilos arquitectónicos prevalentes a principios del siglo XX. La fachada, construida principalmente de cemento y tirolesa, presenta cinco aberturas principales, siendo la central la más ornamentada. La puerta central está enmarcada por dos columnas delgadas con fustes estriados y capiteles jónicos, que sostienen un arco semicircular adornado con una palmeta y hojas de acanto. Sobre el arco, el espacio está lleno de decoraciones geométricas, añadiendo al intrincado diseño de la fachada.
La primera cornisa, decorada con motivos vegetales, conduce a un espacio rectangular lleno de relieves geométricos y una roseta floral central. La segunda cornisa, más pronunciada que la primera, corona el edificio con un frontón curvo inscrito con el año de construcción, 1914. Esta sección central está flanqueada por dos pilares prominentes, dando a la fachada una apariencia equilibrada y simétrica.
Las aberturas adyacentes a la puerta central son igualmente impresionantes, con arcos mixtilíneos y decoraciones curvilíneas estilizadas que se extienden hasta la primera cornisa. Sobre estos arcos, elementos geométricos cuadrados y rosetas florales reflejan el diseño de la sección central, creando una estética cohesiva. La segunda cornisa, menos pronunciada aquí, descansa sobre ménsulas y está rematada con frontones triangulares.
Las dos puertas más exteriores son más simples en diseño, con menos elementos decorativos pero manteniendo la armonía arquitectónica general. Estas puertas están rematadas con frontones triangulares y pequeñas ventanas rectangulares con rejas de hierro, añadiendo un toque de elegancia a la fachada.
Toda la fachada está coronada con una balaustrada adornada con motivos vegetales, completando el rico esquema decorativo del edificio. Esta fachada es un testimonio de la ingeniosidad artística y arquitectónica de la época, convirtiéndola en un hito significativo en el paisaje urbano de Arrecife.
El Edificio Segarra es más que una maravilla arquitectónica; es un ícono cultural que encapsula la evolución histórica, económica y social de Arrecife. Su designación como Bien de Interés Cultural subraya su importancia en la preservación del patrimonio de la isla. La fachada del edificio, con su profusión de elementos decorativos, sirve como un recordatorio del pasado de la isla, desde su apogeo comercial hasta sus esfuerzos industriales.
Paseando por la Calle León y Castillo, uno no puede evitar sentirse atraído por el Edificio Segarra. Se erige como un monumento orgulloso de la rica historia de la isla, ofreciendo un vistazo a una era pasada mientras continúa siendo parte del vibrante tejido urbano de Arrecife. Ya seas un entusiasta de la arquitectura, un aficionado a la historia o simplemente un viajero curioso, el Edificio Segarra es un hito imperdible que promete dejar una impresión duradera.
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